Por Iván Salcedo
La articulación campesina ha realizado una labor encomiable, la cual debe ser avalada por la generalidad de los dominicanos, pues por primera vez vemos una movilización social efectiva, consecuente con la evidencia física, guiada por preceptos honestos y que busca la reivindicación de un sector que ha sido desfavorecido históricamente por los retorcidos intereses de quienes detentan el poder.
No sólo en Gonzalo, sino en toda la amplitud del área de Los Haitises y el Bajo Yuna, organizaciones como el MCCU trabajan arduamente en defensa de los intereses de los campesinos, de los hombres y mujeres que allí sobreviven a las vicisitudes de la extrema pobreza e indigencia . Detrás de reivindicaciones que, si bien han sido ofrecidas por el Estado Dominicano en reiteradas ocasiones y en pleno reconocimiento de los atropellos allí suscitados, jamás se han dignado a responder conclusivamente.
Muchos desconocen la historia de estos poblados, en especial la de Gonzalo, los cuales se hallan en el eje del conflicto más preponderante de la contemporaneidad. Todo comienza a los inicios del año cincuenta durante la dictadura de Rafael Leónidas Trujillo Molina, cuando este desterró a los habitantes de Gonzalo, la Osúa y otras poblaciones circundantes de su patrimonio histórico, de sus tierras, para la fundación del Ingenio Rio Haina y el sembrío de los cañaverales requeridos para su funcionamiento. Muchos de los campesinos se vieron obligados a quedarse en el poblado, sin tierras y techo, bajo la suerte de los capataces del Jefe, sin otra alternativa para su supervivencia, ya que otro oficio no conocían y ante la incertidumbre de trasladarse a terrenos baldíos, jamás ocupados por seres humanos. Como podrán imaginarse, el impacto social de tal medida fue atroz, la unidad sociocultural local se destruyó por completo, muriendo parte de nuestra historia patria y lo cual, desafortunadamente, nunca ha sido redimido, ni en lo económico y lo moral, por las autoridades dominicanas.
En los años 1991 y 1992, sucedió lo mismo y esta vez bajo el mandato del “heredero de Trujillo”, el Dr. Joaquín Balaguer. Ahora bajo el insigne encargo de salvar al medio ambiente, y tras la delimitación del Parque Nacional Los Haitises, fueron nuevamente, los campesinos y habitantes del área, desterrados de sus tierras. Habiéndose comprometido el Estado, a través del Instituto Agrario Dominicano, a radicarles asentamientos en zonas aledañas tales como La Altagracia, pero siendo usurpados, tres cuartas partes de los terrenos y viviendas, por desconocidos de Sabana Grande de Boyá, Monte Plata y Santo Domingo. Esa gente se quedó en el desamparo total, viéndose en la obligación de acampar en tierras de nadie y arrendarles parcelas de tierra a terceros para el cultivo de los alimentos de su subsistencia.
Han pasado casi veinte años desde aquel entonces, pero las llagas ciertamente se mantienen vivas y hoy se encarnecen violentamente, cuando observan que se les pretende enajenar nuevamente su patrimonio, el paisaje que les brinda sosiego día tras día, y les guarece en la esperanza de un futuro más prometedor. Entendemos que se debe escuchar el reclamo de los campesinos del área, representados por el MCCU, y garantizarles su sosiego socioeconómico a través de un proyecto más abarcador y vinculante ante sus intereses y competencias.
¿Qué se puede desarrollar en Los Haitises? En la pasada actividad de Espacios UNPHU contribuimos, junto con la Profesora Fátima Portorreal, al levantamiento de una propuesta a favor de los campesinos del área de los Haitises. Propusimos la realización de un Plan Agrario de amplias dimensiones, envolviendo de mil a dos mil familias de la zona, asignándoles terrenos de 20 a 30 tareas y concediéndoles distintas facilidades tales como una orientación extranjera dedicada en el tema de la agricultura intensiva y la posibilidad de crédito a través de un Programa de Créditos MiPymes, el cual sería financiado por fondos de cooperación extranjera de la Unión Europea, el Banco Interamericano de Desarrollo y el Banco Mundial, eximiendo al gobierno de responsabilidad fiscal alguna.
En las vísperas del año 2015, año en que esperamos se cumplan los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM), entendemos que la mejor forma de cumplir las metas de erradicar la pobreza y el hambre y garantizar la sostenibilidad el medio ambiente en la República Dominicano, es desarrollando este plan de desarrollo agrícola en los terrenos del extinto Consorcio Estatal del Azúcar. ¿De qué otra forma podríamos levantar la alicaída actividad agrícola y solucionar el dilema de la seguridad alimentaria en nuestro país? Entendemos que el proyecto cementero tiene muchas limitaciones y jamás podría medirse, en cuantía de beneficios, ante la citada propuesta. De tal suerte que el Estado debe reevaluar su posición, y plantearse el desarrollo del programa que satisfará la demanda histórica de los habitantes de Los Haitises sobre tierras y bienestar socioeconómico.
La actual administración colmó de expectaciones a los pobladores de los Haitises cuando creó la Comisión Nacional por el Parque Nacional de Los Haitises mediante el decreto 17 del 2006. Hicieron entender a los campesinos, incluidos los del MCCU, que finalmente se haría justicia y se reivindicaría a sus familias, doblegadas por la corrupción del poder. Empero el nivel de respuesta requerido se truncó, sólo confiriendo resarcimientos pírricos a unos pocos habitantes de la zona. Es por ello que consideramos, que es menester que el Presidente de la República, a quien le atañe este proyecto por las dimensiones que ha adquirido tanto a nivel nacional como internacional, reflexione, pues debe atenderse la obligación moral con esta gente, que no pretende conseguir más que el propio patrimonio que les fue enajenado en los tiempos de Trujillo y Balaguer.
Como hemos sugerido hasta el momento, un proyecto cementero, jamás podría considerarse como una alternativa socioeconómica de consistencia, ya que no proveerá a los campesinos de las herramientas y las tierras para garantizar su superación económica. Convirtiéndose el mismo en una escaramuza en contra de sus tradiciones y relegándoles a un plano deshonroso, al someterles a un trabajo que desconocen por completo y al cual no deberían ser sometidos por poseer un legítimo derecho sobre esas tierras.
Surge el apremio de preguntarles a las incumbentes autoridades encabezadas por el Presidente Fernández, si serán ellos quienes solventarán responsablemente la demanda histórica de los pobladores de los Haitises o si secundarán el fatídico accionar de las administraciones de Trujillo y Balaguer, en pos de intereses corporativos y en detrimento de los empobrecidos campesinos de la región.
¿Prefieren convertirse en un paradigma gubernamental positivo para América y el Mundo, integrando el concepto de asociación mundial para el provecho de los sectores más desfallecidos por la desproporción y la corrupción, o les es preferible reivindicar históricamente a Balaguer y Trujillo con su accionar, perpetuando males cada vez más graves para los humildes agricultores de una zona extremadamente empobrecida?





Juan Mayr Maldonado Presidente comisión PNUD







Comentarios del Lector: